Aleph Cero es una visión del mundo expresada como sistema. No cuenta una historia ni sigue a un protagonista: despliega, post a post, una teoría, la máquina que esa teoría pide, la red sobre la que correría, los juguetes que la máquina fabrica y el libro que queda cuando todo eso se escribe.
Su autor lo llama «algo a medio camino entre el blog y la hipernivola distribuida» 2092663310919295249 y fija la regla de lectura: «Todo el material recogido en esta cuenta es transmedia para juego ARG» 2094330440811254142. La razón de la forma es biográfica: «Mi escritura no "cabe" ahí», en el texto secuencial de la imprenta; «Hoy día, ¡ya puedo escribir mi libro!» 2012625471758823909.
El recorrido, en una línea:
- Teoría. Una refundación 1944372787658801518 que encuentra su sujeto en el 5º poder 1996674458954998094 y su forma política en la doxa pública 2097418033408934203; se lee saltando entre territorios 2099905728655810911.
- Máquina. Un hacklab de viernes 1963977899498696722 del que sale el Scriptorium 2002353258166198280.
- Red. Pubs Oasis/SSB 2087191558806245592, un modelador de redes 2098009417304113242 y un hub a la web abierta 2099237094216384859.
- Juguetes. Artefactos con animus iocandi 2002148031836147919: medidores de lo inmensurable 2094731357796655177, bots 2060719576044691663, un mercado de juegos ARG 2068781583855727057.
- Libro. Una nivola 1953632548996939834 que acaba llamándose «Para un futuro (no revisado)» 2094944784859234724, con sus poemas y su aceite 2092704994893992365.
Y un mensaje que lo atraviesa todo: sacar la cabeza se paga con años de represión, y aun así se vuelve 1958808886950920450 2079670191592538333.
El orden es genealógico, no jerárquico: cada constructo abre con el post en que nace. La pregunta que el autor deja al lector vale como instrucción de uso: «¿Se ve? ¿Saltaste?» 2099932143400997056.